viernes, 9 de noviembre de 2007

Elecciones aparentes


A veces nada es como realmente es, las cosas están tan tergiversadas y moldeadas a su propia conveniencia. Como un motor que se autoimpulsa para no dejar de funcionar.
Relativo es el mundo y de relativismos vivimos. Todo lo que nos envuelve en el mundo es tan diverso y complejo al mismo tiempo. La humanidad se enfrasca en sus adentros y pierde el rumbo que la naturaleza le concedió.

Es esa suerte de inteligencia la que terriblemente lo subsume en un abismo, pues agotando los instintos lleva al culmen de sus ansias las artificialezas que lo sustentan.
Así nuestra propia existencia es un reto y lidiar con el mundo una consigna de vida, nada está dicho totalmente. Pero el orden establecido no estará jamás descansando sino que cambiará de rostro constantemente para buscar su perpetuidad.

Es el sistema que espera mucho de uno sin que realmente te dé tiempo de elegir. Coherencia y madurez... Es el mundo quien estipula sus formas. Regulaciones mil, normas sociales sí, pero ¿quién elije realmente?

Experiencia


A veces la experiencia es un recurso muy efectivo; es una ventaja que posees frente a quienes no han vivido en carne propia los mismos eventos. Ella te permite tener más alternativas que otras personas cuando se te presenten situaciones similares a las ya vividas.

Pero no siempre uno reacciona como quisiera ante tal o cual situación. Somos impredecibles, es la naturaleza humana. Como una sensación que nos dice qué debemos hacer y qué no, dejando a un lado la experiencia, a la que supuestamente debiéramos escuchar.

Aunque no significa que siempre será así. Solo pudo decir que si todo fuera fácil, entonces no valdría la pena el esfuerzo y la paciencia.

Las apariencias


Cuando uno menciona el valor de la "primera impresión" y cosas por el estilo. Pero ese artificio se desgasta con el tiempo y la costumbre, aunque en su defensa va reinventándose constantemente. Yo me preguntaría acerca de lo que uno busca conseguir mediante la 'apariencia', y fácilmente se revelarían distintos los fines que conciben muchas personas bajo el mismo nombre "la apariencia".

Es difícil que se le retribuya a uno lo que da, del mismo también cabe la pregunta si quien recibe, considera en igual medida lo que se le es entregado. Allí radica el complejo entendimiento del ser humano, cómo ser capaz de leer los pensamientos del otro...

La decepción es el fruto de un desengaño. Es como recibir un baldazo de agua helada al levantarse, algo que uno no espera recibir, que no imaginaría. Más bien como improbable de que sea factible. Pero eso es el amor, arriesgar, jugársela el 'todo por el todo'. Es como un juego de azar, en éste la suerte linda con el destino.

Día de San Valentín


La cursilería aquélla puede depender del estado mental nuestro. Siempre será inexistente en esencia si uno no contextualiza lo que es cursi. Pero eso es imposible porque nos basamos en contextos y los seres humanos no dudan en calificar lo que ven. Todo es relativo, aquí lo no cursi puede serlo allá 'in extremis'.

Probablemente San Valentín estará felicísimo porque lo recuerdan aunque no de modo sacro, peor a ser olvidado... Mas si concentramos nuestras visiones a un aspecto de la fecha sobre-valoramos lo que realmente representa (¿dónde quedó la amistad?). Tal vez solo sea un día para miles de seres mientras que para algunos (muchos, no sé) no lo es y destilan sus cuitas ¿...?

Por otro lado, la causa de mi sufrimiento, fácilmente, puede ser la dicha ajena y viceversa, todo es relativo en este mundo, lo que define el evento en sí es el medio en el que vivimos, nuestras experiencias y nuestra naturaleza 'sui generis'.

Por último, somos superficiales si solo vemos las apariencias y en ellas basamos nuestros juicios. No puede uno decirse ajeno a la 'superficialidad', el ser humano lo es, de allí que somos distintos a los demás seres vivos. Pero hasta dónde somos capaces de dilatar el artificio...

viernes, 2 de noviembre de 2007

Día de duelo

Mañana podré continuar con mi falsa P.P.

No me queda más que continuar con mi carrera que ni siquiera existe. Qué triste puede resultar mi decisión y más odiosa. Mejor me sale el raje. Sí, y mucho mejor. Tomar de molde la conciencia ajena y hacerla trizas. Si para eso soy bueno, pues ¡viva! Qué me queda, entonces. Hoy, mejor dicho ayer, puedo decir que no eché a perder el día. La pasé feliz, podría decirse que sí, pero no triste.

Acaso el universo se detendría en su rumbo si yo feneciere, apuesto a que no.
Sí, puedo ser tan humillable como no alcanza la razón a aceptarlo; pero si me dan chance, puedo lograr un poco más que nada, que ya es mucho.

El regreso se muestra tan distante, tanto que temo su acercamiento, pues no lo veo más claro sino poco cada día. Basura solo rimo _dicen, me parece..._ pero la tinta... brota, brota sola y con mi torpeza brota más. Como si se valiera de mí para escapar de su prisión y morir seca en un papel mediocre en el que apunto "subjetividades etéreas", como oportunamente lo dijera (...).

Ya mi tiempo se acaba, pero solo por ahora, porque mientras existan sueños truncos, he de renacer. Cuando afloren ilusiones patéticas con más fuerza y no por ello haré a un lado los deseos mediocres sino que más todavía servirán a mi propósito. ¿Acaso la duda persiste todavía en sus moradas? ¡Qué raro! Si es evidente que mi despropósito es la nada. Viviendo rodeado de tanto por qué inspirarme no lo hago como debiera; no aprovecho mi portento. ///"Mas... ¡Alto!, quizás _es probable, SÍ_ todo mi acervo solo fue baratija muy obsoleta, aunque _eso sí_ sui géneris."

Ruta graveolens

Para maleficios habláramos... Esta mañana, el más inocente germen rutáceo me fue encomendado. ¡Pero para qué fuera creíble! Brote cierto en mi muslo oculto me traería este día más que goce, mas al cruzar el portón mis planes se tornarían más verdes que aquel germen.

¿Aunque cómo pudieron ser posibles tales sucesos? Es poco comprensible. Al menos simples pasos hubieran seguido desapercibidos pero esperaba reales los augurios y se mostraron opuestos. Busqué, por eso, la razón exacta para definir el maleficio, ¿qué delito cometí...?

Sí, lo hube de hacer. Enfoqué su imagen bajo el lente, como de prevención morisca creí estarlo. Burla inconsciente fue mi consumado intento. Entonces, creo que su magia se desvaneció tras la luz del lente, caja menos fantástica y más ausente. Ausente de ser la causa. Presente en el mismo brote, pues descubrí que sus cargas son incontenibles.

Renuncié, al razonar así, al germen, pues lo sentí emenagogo de mi mezquina suerte.

Digresión

Fácil fue continuar con el tema recreado por las circunstancias poco comunes en que me hallaba. Supongo que así suelen ser las largas disertaciones filosóficas... ¡Qué bodrio!, soy consciente que no poseo tales cualidades, o al menos no como quisiera poseerlas. ¡Cualquiera! (Aunque... _digo, ¿no?_ tampoco uno puede darse el lujo de asumir que lo que significa el éxtasis máximo de una situación para uno lo sea para todos. Pueda ser que sea de repugnacia para otros, y hasta para mí en otro espacio y tiempo).

Pese a aquello, y con exégesis hipócritas proseguí la retahíla de insignificantes asuntos que embelesaban el numen del antes ausente. No entendía la vocación que tenía por colmar de abstracciones asuntos que en nada habían cambiado mi realidad _me dije. Pero, paulatinamente, todo el ensimismamiento que emanaba de sus labios iba tornando el fingimiento inicial en verdadero interés, tanto que logré apreciar y bendecir aquel momento antes vapuleado.


Al partir me miré, como se miran los animales en un espejo, con recelo, curiosidad, duda, confusión, temor, o espanto. No sé, pues a cada paso mío se simbolizaban en mi mente meras divagaciones. Ideas roídas y desechas desde hacía mucho tiempo y que volvían a mí como molestas moscas que ante un manjar acuden... o más bien _¡quién sabe!_ atraídas por el estado pútrido de la materia inerte.